La frialdad de su última mirada,
desgarró el mínimo resquicio de sentir en mi alma,
ya sin latidos ni pulso,
en aquel músculo rojizo.
Se nubló mi pensar,
mis lagrimas,
al caer escribían su nombre
en las piedras que raian mis pies descalzos.
Mientras, abrumado y sin rumbo,
me dirigía al punto en donde,
la esperanza cambia de nombre y
la luz al final del túnel,
solo es sombra.
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